“La nueva realidad, los rebrotes, la desconfianza” (opinió, María Ramos)

“La nueva realidad, los rebrotes, la desconfianza” (opinió, María Ramos)

Llegó la anunciada nueva realidad y ésta nos ha traído consigo la necesidad de incorporarnos a nuestra anterior rutina, la vida social, el trabajo, los planes. En algunos casos hay como una necesidad apremiante de hacer, de salir, de desplazarse, de retomar las visitas familiares, los encuentros. Es tanta la normalidad que en algunos momentos

Llegó la anunciada nueva realidad y ésta nos ha traído consigo la necesidad de incorporarnos a nuestra anterior rutina, la vida social, el trabajo, los planes. En algunos casos hay como una necesidad apremiante de hacer, de salir, de desplazarse, de retomar las visitas familiares, los encuentros. Es tanta la normalidad que en algunos momentos se nos olvida la mascarilla y/o la distancia social. La vida parece haber cobrado la normalidad, pero… aparecen brotes por toda la geografía. Nos espanta, pero no tanto como en los meses de marzo y abril cuando sentíamos el peligro inminente. Los centenares de muertos diarios eran terribles, el miedo nos atenazaba y seguíamos las normas impuestas por el Gobierno de manera estricta.

Ahora, no. Ahora el Govern nos recomienda no desplazarnos y hacemos caso omiso. El uso de las mascarillas lo cumplimos -tal vez por el miedo a la multa de 100 euros-, pero ni la distancia social y -mucho me temo- tampoco el lavado de manos parecen que figuren entre nuestras prevenciones. Y, aunque aún persiste el miedo al contagio que muchas personas manifiestan, la vida social parece que ha recobrado la misma intensidad que había antes de la pandemia. Y, así nos encontramos ante la paradoja de vivir en la nueva normalidad -sin seguir las recomendaciones de la Administració-, pese a que seguimos teniendo miedo del contagio. Hay una desautorización sutil -o no tan sutil- al Govern o a la Adminstració sanitaria. Y es que los ciudadanos no percibimos unas recomendaciones claras ni creíbles.

En la situación en Lleida -con unas componentes claramente de explotación humana, condiciones de vida, de vivienda y de trabajo-, claramente el Govern no tuvo capacidad de prever ni de prevenir ni de atajar una cadena de contagios que afectaban a la parte vulnerable de una población maltratada y explotada al más puro estilo esclavista.

Los temporeros, denominación que ya indica precariedad, vienen a trabajar en condiciones muy precarias cada año. Y cada año surgen los problemas de alojamiento, a los que seguimos sin dar solución. Lo más grave es que este año, a estas penosas condiciones, se le ha sumado la covid-19.

No olvido que la dinámica del sistema capitalista impone unas condiciones de agricultura intensiva y monocultivo que favorecen este tipo de explotación humana.

La situación en Barcelona, donde la vida del área metropolitana depende casi exclusivamente de la gran metrópoli, en palabras de la alcaldesa, Sra. Ada Colau: “La Generalitat llegó tarde”. ¿Esto quiere decir que estamos ante un Govern despistado, descolocado y con falta de reflejos para abordar la situación de la pandemia en la nueva normalidad? Posiblemente sí, en base a la multitud de críticas que está recibiendo por su gestión de prevención y rastreo de los nuevos brotes.

No me parece descabellado ligar la actitud de los ciudadanos ante esta nueva realidad -y no seguir las recomendaciones-, con la imagen de falta de claridad y seguridad que está dando la Administración en su gestión. Máxime, cuando los ciudadanos vivimos las permanentes críticas, desautorizaciones y boicots a la actuación del Gobierno.  Incluso, en algunos momentos, llegando a señalar su gestión como la responsable de que hubiera más muertes en Catalunya.  Hay un viejo refrán que dice: “Por la boca muere el pez”.  Los políticos, los gobiernos, tienen que asumir su mandato, con la misión de trabajar por el bien común y, al margen de críticar y cestionar, deben sobre todo colaborar.

Durante la pandemia hemos echado en falta la colaboración entre los políticos, ya que los ciudadanos de manera espontánea colaboraron al máximo dando gran ejemplo. Tal vez esta sea la causa o el motivo por el que los ciudadanos encaramos la nueva realidad con un sentimiento de desconfianza ante las normas o recomendaciones que nos fijan los responsables políticos. Básicamente, porque -valga la redundancia- su ejemplo no fue ejemplar. La credibilidad se gana siendo coherentes y colaborando entre todos sumando esfuerzos para tratar de encontrar la solución a los graves problemas de los ciudadanos. El desgaste y la desautorización permanente del otro se pueden volver en contra, como un bumerán.

La covid-19 nos acompañará durante un largo tiempo. Será parte de la nueva realidad y la prevención, la protección, la colaboración y la confianza en un tratamiento y vacuna serán las esperanzas que nos permitan vivir de la manera más confortable posible.

 

(Foto: Pixabay)

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